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Resumen de Facundo: Introducción

En el epígrafe a la Introducción, Sarmiento le pide al historiador que intervenga sobre la realidad, que no sea impasible. La objetividad no existe, todos estamos atravesados por una serie de cuestiones y hay que tomar partido. La historia debe adoptar una forma retórica y cargarse de significación, de implicaciones ideológicas.
Hace una invocación a los muertos, para que revelen secretos a los vivos. Tanto el acto de invocación como el vocabulario empleado remiten a la lírica (Homero-Virgilio). Hace uso de los recursos de la lírica poética.
Luego, acude a las leyendas y tradiciones populares. Muestra un doble juego en el enfrentamiento Rosas-FQ, sistema-instinto.
Argentina: noble pueblo que esconde una vida secreta; de organización política enigmática; convulsiones internas y lides sangrientas, devastaciones, combates. La resolución del enigma irá de la mano de la inteligencia y la toma de conciencia cívica e histórica de los ciudadanos, no de la mano de la violencia, de la “espada”. Centro en el que remolinean elementos muy contrarios, centro que atrae la atención y el interés de naciones europeas (en relación con ellas). República en una obstinada lucha de elementos contrarios, invencibles, que se chocan, que la despedaza. Lucha ingenua debida a la influencia de las ideas opuestas que han trastornado el mundo político: la civilización europea y la barbarie indígena, los últimos progresos del espíritu humano y los rudimentos de la vida salvaje, las ciudades pulposas y los bosques sombríos. Todo esto observado en los fenómenos sociales. Es la fisonomía de la naturaleza grandiosamente salvaje la que prevalece en la inmensa extensión de la República.
Facundo: figura que no ha muerto. Vivo en tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas. Muerte trágica. Instinto, iniciación, tendencia. De naturaleza campestre, colonial, bárbara. Provinciano, audaz. Expresión fiel de la manera de ser de un pueblo, caudillo que encabeza un gran movimiento social, espejo en el que se reflejan las creencias, necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación en una época dada de su historia. Es la figura más Americana que la revolución representa, su figura hizo de la guerra local una guerra nacional. Muere asesinado por una bala oficial, envuelto en una calumnia.
Rosas: heredero de Facundo (por las características que se le traspasarán), molde más acabado y perfecto. Sistema, efecto, fin. Arte, política regular. Hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él Se presenta al mundo como hombre-genio capaz de dominar los acontecimientos, los hombres y las cosas. Falso, corazón helado, espíritu calculador, hace el mal sin pasión, organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo. Tirano sin rival hoy sobre la tierra. “Grande” para gloria y vergüenza de su patria. Monstruo que propone el enigma de la organización política de la República. Es la Esfinge Argentina, cobarde y sanguinario. Rencor contra el elemento extranjero. Carácter fríamente feroz, voluntad incontrastable, originalidad salvaje. Contra las relaciones de la República y los países europeos (de ahí que se lo considere ‘nacionalista’). Inmoral.
Temas tocados: retraso español respecto de los demás países europeos y la marcada influencia sobre Argentina. // Paraguay y el jesuitismo (preguntar, p.10) // Cómo han pintado la figura de Bolívar. // La prensa como arma de lucha contra el régimen y como el arma clave que lo derrocará, por ser difusora de ideas // La necesidad de luchar desde la inteligencia, resolver enigmas, no usar la fuerza. // La importancia de la lucha y la perseverancia: no resignarse ni por temor ni por determinismo // El determinismo geográfico y el determinismo de lo visto según la procedencia de quien lo mire, de la visión (Bolívar con frac en vez de con poncho, por los europeos) // Rosas y Facundo como encarnaciones del modo de ser de un pueblo, figuras en las que se condensan las características de la República, llegan todas a su máxima expresión en estas personalidades // Sarmiento nos dice que la historia a narrar procede del conocimiento de los hechos históricos, narrados al autor o vivenciados por él; con esto le confiere legitimidad y carácter de verdad a lo que va a contar. // Recursos estilísticos que marcan anticipos en lo que se va a narrar (Muerte de FQ, causas, modos; derrocamiento de Rosas) // La inmigración como algo positivo para el país: lo iluminará.

Capítulo I: Aspecto físico de la República Argentina, y caracteres, hábitos e ideas que engendra.

El mal que aqueja a la República Argentina es su extensión: el desierto inmenso la rodea por todas partes. Al Sur y al norte la acechan los salvajes –los indios-, preparados para atacar en cualquier momento. Esta inseguridad de la vida imprime en el carácter argentino cierta resignación estoica para la muerte violenta, explicando la indiferencia con que se da y se recibe la muerte.
La parte habitada del país puede dividirse en tres fisonomías: el espeso bosque (al norte), la selva y la pampa. La pampa es la imagen del mar en la tierra, que aguarda que se la mande a producir.
Existen en la república numerosos ríos navegables, pero el hijo de los españoles detesta la navegación. Así, el regalo más grande para un pueblo es un elemento muerto, inexplotado. El único río fecundo es el de la Plata.
Buenos Aires está llamada a ser un día la ciudad más gigantesca de las Américas. Ella sola está en contacto con Europa y explota las ventajas del comercio extranjero. Esta posición monopolizadora de Buenos aires hace que aunque Rosas hubiese querido en verdad seguir el federalismo, le hubiese sido imposible, y habría terminado teniendo el sistema que hoy sostiene: el unitario. (“Nosotros, empero, queríamos la unidad en la civilización y en la libertad, y se nos ha dado la unidad en la barbarie y en la esclavitud”). Mientras Norteamérica está llamada a ser una federación por su ancha exposición al Atlántico, la República Argentina está llamada a ser unitaria.
La ciudad es el centro de la civilización argentina española, europea, pero el desierto la cerca. El hombre de ciudad vive la vida civilizada. En la ciudad están las leyes, las ideas, el progreso, la educación, el gobierno regular. El campo y la ciudad representan dos sociedades distintas, dos pueblos extraños el uno del otro. El hombre de la campaña detesta al de la ciudad y odia al hombre culto.
Argentina comparte varios rasgos con las llanuras asiáticas del Tigris y el Éufrates, y la vida de sus hombres son a menudo similares (árabes y gauchos).
El campo:
En la campaña argentina predomina la fuerza brutal, la autoridad sin límites y sin responsabilidades del que manda. Esto se ve en las ejecuciones del capataz, que no admiten reclamo considerándose legítima la autoridad que ha asesinado.
El pueblo del campo se compone de dos razas: españoles e indígenas, (excepto en Buenos Aires, la raza negra, inclinada hacia la civilización y dotada de talento, está extinta). Estas razas se caracterizan por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial. Las razas americanas –los indios- se muestran incapaces para el trabajo duro, y la raza española muestra la misma tendencia.
En la campaña la sociedad desaparece completamente; queda sólo la familia feudal, aislada. Así, toda forma de gobierno se hace imposible, no existen municipalidad, alcance judicial ni ejecución de la violencia estatal monopolizada. La población está desparramada. No hay res pública. La civilización es del todo irrealizable y la barbarie es normal. El progreso está sofocado, porque no puede haber progreso sin la posesión permanente del suelo, sin la ciudad que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre y le permite extender sus adquisiciones.
En el campo, la religión está desvirtuada. Ocurre con la religión lo que con el idioma español, está corrompida. Se trata de una religión natural. Los gauchos son españoles sólo por el idioma y las confusas nociones religiosas que poseen.
Las ocupaciones domésticas, las industrias caseras, las ejerce la mujer, sobre ella pesa casi todo el trabajo.
Educación del hombre de campo: los niños ejercitan sus fuerzas y se adiestran por placer en el manejo del lazo y las boleadoras y son jinetes. Con la pubertad y la adolescencia vienen la completa independencia y la desocupación. Desde la infancia están habituados a matar reses, lo que los familiariza con el derramamiento de sangre. El caballo es parte integrante del argentino de los campos.
De esta manera, los niños van, paulatinamente, adquiriendo las características de sus mayores: el hábito de triunfar en las resistencias, de desafiar y vencer a la naturaleza. Esto promueve el sentimiento de importancia individual y de superioridad en el hombre de campo.
Todos los argentinos tienen conciencia de su valer como nación, tienen cierta vanidad.
En conclusión, la vida del campo ha desenvuelto en el gaucho las facultades físicas, sin estimular el intelecto. Su carácter moral se apoya en el hábito de triunfar ante los obstáculos y la naturaleza. Es fuerte, altivo, enérgico, no tiene ninguna instrucción. Es feliz en su pobreza, porque es lo único que conoce. El gaucho no trabaja, el alimento y el vestido lo encuentra preparado en su casa, lo uno y lo otro se lo proporcionan sus ganados.

Capítulo II: Originalidad y caracteres argentinos.

La vida pastoril tiene, también, su costado poético. Por ejemplo, Echeverría en la inmensidad, en el salvaje, en la naturaleza solemne halló las inspiraciones para parte de sus obras, que fueron luego, acogidas con aprobación en Europa.
El pueblo argentino es poeta y músico por naturaleza. En su medio están la tormenta, la muerte omnipresente, la pampa infinita. El gaucho tiene, en este sentido, su poesía popular, candorosa y desaliñada. Anécdota: cuando Echeverría residió en la campaña los gauchos lo rodeaban con respeto. A pesar de que era para ellos un “cajetilla”, lo respetaban porque era poeta.
El pueblo campesino tiene sus cantares propios, entre ellos: el triste (en el Norte) y la vidalita (se cantan los asuntos del día y canciones guerreras). La guitarra es el instrumento por excelencia.

Especialidades notables de la campaña:
El rastreador: sabe seguir las huellas de los animales y de los hombres. Es un personaje grave, la conciencia del saber que posee –una ciencia casera y popular- le da cierta dignidad reservada y misteriosa. Puede, según se cuenta, seguir huellas producidas hace mucho tiempo.
El baquiano: conoce palmo a palmo miles de leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Se orienta basándose en los signos de la naturaleza. Es un topógrafo. El mapa que los generales llevan; la suerte del ejército depende de él. Anuncia también la proximidad del enemigo. Conoce las distancias y los accidentes geográficos más pequeños. Dicen que el general Rosas reconoce por el gusto del pasto cada estancia del sur de Buenos Aires.
El gaucho malo: es un outlaw, un misántropo. La justicia lo persigue; en los asentamientos su nombre es pronunciado con respeto. Vive en el campo, aislado de la sociedad; se alimenta de lo que caza. Es un hombre divorciado de la sociedad, proscrito por las leyes, un salvaje de color blanco. Los poetas de los alrededores cantan a sus hazañas. Sin embargo, el gaucho malo no es un bandido, ni un criminal. Su profesión, su ciencia es robar caballos. Tiene cierto honor, y crédito, su palabra.
El cantor: es el mismo bardo, trovador, de la Edad Media. Se mueve entre las luchas de las ciudades y el feudalismo de los campos. El cantor anda de pago en pago, cantando a los héroes de la pampa fugitivos de la justicia, mientras mezcla el relato de sus propias hazañas (a menudo él también es perseguido por la ley). Su poesía es monótona, irregular, más narrativa que sentimental y está llena de imágenes de la vida campestre. El cantor hace el mismo trabajo de crónica, costumbres, historia, biografía que el bardo de la Edad Media.
En la República Argentina se ven al mismo tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo, sin conciencia la una de la otra: una naciente que imita los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; y la otra que intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea. En Argentina, el siglo XII y el XIX viven juntos: el primero en las campañas, el segundo en las ciudades.

Conclusión: leyendo este libro el lector se encontrará con los caracteres tipificados más arriba, y verá el reflejo de la situación del país en la campaña, sus costumbres y su organización. El gaucho malo: Facundo. El cantor: La Madrid. El baquiano: Artigas. Capataz de carretas: “el Boyero” (guerrero al servicio de los caudillos).

Capítulo III: Asociación. La pulpería.

En el campo hay necesidad de crear una sociedad ficticia para remediar la normal desasociación.
En la pulpería se dan y reciben las noticias, allí concurren los parroquianos de los alrededores; se arman carreras de caballos; está el cantor. Se encuentran el juego y el licor. Allí se fraterniza.
Esta asociación accidental de todos los días, al repetirse, formaría una sociedad, una asamblea sin objeto público, sin interés social, sonde empiezan a echarse las raíces de las reputaciones.
El gaucho estima por sobre todo las fuerzas físicas, la destreza del manejo del caballo, y el valor. Se dedica, por ejemplo, a los juegos de equitación.
El gaucho anda armado del cuchillo, herencia de los españoles. Éste es un instrumento que le sirve para todas las ocupaciones; no puede vivir sin él. Juega a las puñaladas, desenvaina el cuchillo y marca a su contrincante, lo hiere en la cara, sin matarlo. La riña se traba por reputación. No tiene intención, en principio, de matar. Matar es una “desgracia”. Juan Manuel Rosas había hecho de su residencia una especie de asilo para los homicidas (Paternalismo político).
En esta sociedad, entonces, la cultura del espíritu es imposible, no exista bien público. El gaucho se convierte en malhechor o en caudillo, según el rumbo que las cosas tomen.
Autoridades de la campaña: Para reprimir a los desalmados se necesitan jueces más desalmados aún. Estas autoridades (recordar a los capataces) forman ideas en el pueblo sobre el poder de la autoridad, que más tarde acarrea sus efectos. El juez se hace obedecer por su reputación de audacia temible, su justificación es “así lo mando yo”. El comandante de campaña tiene más poder que el juez y sus características son, aun, más terribles. Para gobernar se hace uso de los hombres que más temor inspiran, y esta es la manera de proceder de los gobiernos débiles. Cuando rosas se apodero de la ciudad, exterminó a todos los comandantes que lo habían ayudado a ascender, a fin de que no le disputaran el lugar de poder que empezaba a ocupar.
Estos pormenores dados hasta aquí acerca de la vida en los campos argentinos, con su orden, su sistema de asociación característico, tienen el fin de explicar los fenómenos sociales argentinos y la revolución que estalló en 1810.

Capítulo IV: Revolución de 1810.

En todas las naciones de América el carácter, objeto y fin de las revoluciones por la independencia fueron los mismos, y nacieron del mismo seno: el movimiento de las ideas europeas.
Antes de la revolución, en nuestro territorio, había libros, ideas, leyes, educación, había una base de organización; atrasada, feudal, monárquica, sí, pero existía. En la campaña pastoral, la libertad, la responsabilidad del poder, las evoluciones que implicaba el movimiento revolucionario eran ajenas a su forma de vivir. La revolución era útil al campo, en tanto implicaba un nuevo centro de reunión, mayor. Así, las campañas pastoras se adhirieron a la agitación e impulso revolucionario.
Cuando un pueblo entra en revolución, dos intereses opuestos luchan en principio: conservadores y revolucionarios, es decir, realistas y patriotas. Cuando un partido vence, éste se subdivide en revolucionarios moderados y exaltados. Entonces, el partido vencido se reorganiza y triunfa mediante la subdivisión de sus rivales. Cuando en una revolución, una de las fuerzas aliadas con la causa revolucionaria, se desprende inmediatamente, formando una tercera entidad, indiferente a unos y a otros; esta fuerza que se separa es heterogénea. Así fue el movimiento encabezado por Artigas.
La fuerza que sostenía a Artigas en Entre Ríos es la que sostiene a los caudillos actuales en sus provincias y la que mantenía a Facundo en los Llanos. El individualismo constituye su esencia, el caballo su arma y la pampa su teatro.
La montonera aparece con Artigas, y tiene su paralelo con las hordas africanas; presenta un carácter de ferocidad brutal y un espíritu terrorista. Esto es lo que Rosas ha convertido en un sistema de legislación aplicado a una sociedad culta. Rosas no ha inventado nada; su talento consiste en plagiar a sus antecesores y hacer de los instintos brutales de las masas ignorantes, un sistema meditado y coordinado fríamente. El ejecutar con el cuchillo es un instinto carnicero que Rosas aprovecha para dar a la muerte formas gauchas, y para cambiar las formas legales de las sociedades cultas por otras, que él llama americanas.
La montonera es un género singular de guerra, que tiene su antecedente en los pueblos asiáticos, y sólo puede explicarse en nuestro territorio examinando la organización de la sociedad de donde procede. Artigas era un baquiano, un caudillo de masas a caballo, enemigo de la sociedad civil y la ciudad, que continúa reproduciéndose en la figura de los caudillos argentinos.
La guerra de la revolución argentina ha sido doble:
1º: guerra de las ciudades, iniciada en la cultura europea, contra los españoles, a fin de dar mayor ensanche a esa cultura (patriotas independentistas influenciados por las ideas europeas versus realistas españoles).
2º: guerra de los caudillos contra las ciudades, a fin de librarse de la sujeción civil y luchar contra la civilización. (La guerra de los salvajes de la campaña encabezados por los caudillos y encarnados en Rosas versus la cultura europea existente en las ciudades)
En primer lugar, las ciudades triunfan contra los españoles (contra la monarquía), pero en segundo lugar, la campaña vence a las ciudades. He aquí explicado el enigma de la revolución argentina.
Con el triunfo de estos caudillos de la campaña, toda forma civil desapareció por completo en el campo y va rumbo a desaparecer en las ciudades. “… se forma al fin el gobierno central, unitario, despótico del estanciero don Juan Manuel de Rosas, que clava en la culta Buenos Aires el cuchillo del gaucho y destruye la obra de siglos, la civilización, las leyes y la libertad”. (Fragmento del final del capítulo III que ilustra esta idea).
Sin embargo, Buenos Aires es tan poderosa en elementos de civilización europea que terminará por educar a Rosas, y contener sus instintos sanguinarios y bárbaros. De hecho, algunas de sus salvajes características ya se han ido moderando con el correr del tiempo.
Cuatro son las ciudades que ya han sido aniquiladas por los dominios de los caudillos y Rosas: Santa fe, Santiago del Estero, San Luis y La Rioja. Todas ellas contaban en 1810 con una gran prosperidad económica, intelectual y cultural. Produjeron hombres eminentes, las luces estaban difundidas. Sin embargo, el proceso de barbarización ha actuado en ellas para llevarlas a la ruina religiosa, educativa, intelectual, económica y cultural. Sarmiento comprueba este hecho a través de una “entrevista” que sostiene con un canónigo de La Rioja. San Juan (la provincia de Sarmiento) se encuentra rumbo a la destrucción: el nivel educativo allí es paupérrimo, oponiéndose al alto nivel de que gozaba antes de este proceso.
Conclusión: la ignorancia y la pobreza esperan que las ciudades del interior den la última boqueada para devorar su presa, para hacerlas campo, estancia. Buenos Aires puede salvarse porque la civilización europea es tan fuerte allí que las brutalidades del gobierno no pueden contra ella. “¿Por qué combatimos? Combatimos por volver a las ciudades su vida propia”.

Capítulo V. Infancia y juventud de Juan Facundo Quiroga.

Anécdota:
Entra las ciudades de San Luis y San Juan existe un desierto llamado “travesía”. Facundo, forzado en San Luis a escapar de la justicia por asuntos de cuchillo, se vio en la necesidad de atravesarlo, solo. En ese momento, un tigre cebado (antropófago) andaba merodeando por la travesía. Mientras la atravesaba, Facundo escuchó el rugido del tigre. Se trepó, entonces, a un pequeño algarrobo. El tigre rastreó al gaucho hasta allí y comenzó a intentar cazarlo. Se quedó durante dos horas con la vista fija en su presa, con los ojos enrojecidos por la sed de sangre. El gaucho lo miraba tambaleándose desde la copa, fascinado por la mirada del animal. Sus amigos, rastreándolo sin esperanzas consiguieron llegar a tiempo y apresaron al tigre, al que luego le dio muerte Facundo. “Entonces supe lo que era tener miedo”decía facundo sobre esta anécdota.
A él lo llamaron “El Tigre de los Llanos”. La Frenología ha demostrado la relación que existe entre la fisonomía de los hombres y algunos animales a quienes se asemejan en carácter.
Descripción de Facundo: Era de estatura baja y fornido. De espalda ancha y cuello corto. Su cabeza estaba bien formada, cubierta de un pelo espesísimo, negro y ensortijado. Su cara estaba hundida en un bosque de pelo, tenía una barba crespa y negra que subía hasta los pómulos bastante pronunciados para descubrir una voluntad firme y tenaz.
Sus ojos causaban terror; eran negros, llenos de fuego y estaban sombreados por pobladas cejas. Facundo no miraba nunca de frente tenía la cabeza siempre inclinada y miraba por entre las cejas, con el fin de hacerse temible. Su tez era pálida, morena.
La estructura de su cabeza revelaba, bajo esta cubierta selvática, la organización de los hombres nacidos para mandar. Sin embargo, como había nacido en una sociedad determinada estos caracteres hubieron de manifestarse de forma sanguinaria, terrible y malvada.

Facundo era hijo de un sanjuanino de condición humilde, pero que había logrado algo de dinero con el pastoreo. Fue a la escuela donde aprendió a leer y a escribir. En la escuela era altivo, huraño y solitario, sólo se mezclaba con sus compañeros para encabezar actos de rebelión y para golpearlos.
En las fábulas de la niñez se encuentra el germen de los rasgos característicos del personaje histórico. La memoria de los pueblos está llena de anécdotas sobre Quiroga.
-Le dio una bofetada a su maestro porque éste lo golpeó con una vara, y corrió a esconderse en una viña en donde estuvo tres días. Este será el caudillo que desafíe más tarde a toda la sociedad.
-En la pubertad asesina a su primera víctima: Jorge Peña. La primera gota del torrente de sangre que marcó su paso.
– Trabajaba de peón en Mendoza para una mujer. Ejercía influencia sobre los otros peones e intercedía por ellos frente a la patrona. Por ello los peones lo llamaban “El Padre” (Paternalismo político). Al fin de un año pidió su sueldo –sesenta pesos-, inmediatamente fue a una pulpería y los jugó todos a una carta, los perdió. Al salir de allí, un juez le pidió su libreta de conchavo y lo dejó tendido de una puñalada . Pasó la vida adulta oculto, perseguido, jugando, trabajando como peón y distribuyendo puñaladas.
-Viaja a Buenos Aires y en 1810 se enrola como recluta en las milicias de Ocampo. Luego en el regimiento de granaderos a caballo. Sin embargo, la vida militar implicaba disciplina, orden, y él se sentía llamado a mandar, rebelde, quería crearse solo a despecho de la sociedad civilizada, una carrera asociando el valor y el crimen, el gobierno y la desorganización. Deserta y vuelve a las provincias, en el camino da muerte a una partida.
– Facundo vuelve a la casa paterna. Como su padre no quiere prestarle dinero, le prende fuego al techo. El padre denuncia este acto y él le da una bofetada. Sin embargo, un año después hacen las paces.
-Resuelve enrolarse en la montonera de Ramírez, vástago de Artigas.
-El gobernador de San Luis lo hace prender y lo manda a la cárcel. Allí, estaban los prisioneros españoles que habían sido derrotados en Chile. Estos se sublevan y abren las puertas a los presos comunes para que los ayuden en la fuga. Facundo escapa de allí asesinando a muchos hombres con un macho de grillos. Él dice haber matado a catorce personas.
-Tiempo después, Facundo logra sofocar el alzamiento y se reconcilia con la sociedad.
Facundo es el hombre de la naturaleza que no ha aprendido a contener sus pasiones, es el carácter del género humano en las campañas pastoras de la Argentina. Facundo es la barbarie primitiva. En sus actos se muestra el hombre bestia, actúa para producir el terror en su entorno. Ganó el prestigio entre la gente vulgar a costa de suplir patriotismo y abnegación con terror, valiéndose de su sagacidad y de la credulidad del vulgo. Algunos consideraban, incluso, que tenía poderes sobrenaturales. Lo que tenía era cierta superioridad y conocimiento de la naturaleza humana, y se valía de esos medios.
Los hombres cercanos a Facundo comentaban que tenía mucha aversión a los hombres decentes, que quería aterrar más que infundir miedo solamente, que hacía entender a los hombres de confianza que era adivino, que trataba a los hombres con quienes tenía relación como esclavos, que jamás se había confesado, rezado ni oído misa.

Capítulo VI. La Rioja. El comandante de campaña.

La Rioja es una ciudad solitaria, sin arrabales y marchita. Los Llanos son un área montañosa, quebrada, un oasis de vegetación pastosa. El aspecto de la provincia es desolado, el clima abrasador, la tierra seca. La Rioja puede compararse a Palestina en su geografía y en el aspecto patriarcal del campesinado. Por ejemplo: el peón debe proteger la vida de su patrón. Los campesinos viven primitivamente, conservando su pureza bárbara y hostil a las ciudades.
Como en la Edad Media, en la ciudad de La Rioja existe la lucha de dos familias poderosas, señoriales: los Ocampo y los Dávila.
Después del suceso de San Luis, Facundo prestigiado y recomendado por el gobierno se presenta en los Llanos. Los Ocampo, que estaban en el gobierno, le otorgan el título de comandante de campaña y de sargento mayor de las milicias. Facundo, que representa el elemento pastoril, bárbaro, la tercera entidad encabezada por Artigas, se presenta en La Rioja, llamado por uno de los partidos de la ciudad. Quiroga será el caballo de Troya dentro de la ciudad.
Mientras es comandante de campaña en Los Llanos, una sublevación en San Juan, hace que las provincias del Norte se preocupen por sofocarla. Facundo participa de esto y desoyendo las órdenes precisas que tenía, cae sobre el foco subversivo y los vence. De esta manera, Quiroga muestra que no espera órdenes de nadie y anuncia su decisión de tirar abajo el gobierno.
Quiroga toma La Rioja, derrocando la ciudad. La deja a cargo de Dávila. Sin embargo, éste intenta conjurarse contra él y apresarlo. Facundo derrota la tentativa y asesina a Araya, el capitán que debía apresarlo.
El gobierno, entonces, lo intima por el asesinato de Araya. Quiroga decide encender la guerra civil entre la ciudad y los Llanos, entre él y el gobierno. Manda un grupo a la Junta de Representantes para cumplir con su cometido: declarar depuesto a Dávila.
Las otras provincias deciden intervenir para impedir el enfrentamiento entre el gobierno y Facundo. Corvalán (el ordenanza de Rosas, que figura en Amalia) es el mediador. Habla primero con Facundo, quien dice aceptar la paz. Luego con Dávila quien abandona las armas. En ese momento, Quiroga ataca derrotando fácilmente al gobierno. Antes de darle muerte a Dávila, éste le abre una herida, que Facundo, como buen gaucho, siempre ocultará.
Después de la derrota y asesinato de Dávila, Facundo manda el pésame a la viuda y rinde homenaje al muerto, mostrando algo de nobleza.
Como Quiroga jamás se ha encargado del gobierno organizado, nombra como gobernador a un español vulgar. De esta forma, Facundo se apodera de su país, las tradiciones de gobierno desaparecen, las formas se degradan, puesto que el desahogo, la desocupación y la incuria son los bienes supremos del gaucho.
Enriquecimiento de Quiroga: La mitad del ganado de la provincia le pertenecía. Su negocio era abastecer de carne el mercado, de forma monopólica, ya que nadie se atrevía a competir con él.
En un negocio con mercaderes extranjeros, Facundo se presenta en la casa de un magnate de Buenos Aires con media de seda, calzón de jergón y un poncho de tela ruin. Quería humillar a los hombres cultos y mostrar su desprecio por los hombres extranjeros. Ninguno se atrevió a reírse en esta oportunidad.
La pasión de Facundo por el juego abrazó su vida pública. Se aprovechaba de su poder y temeridad para sacar provecho. Jugaba con fondos ilimitados.
Esta destrucción del orden civil que Facundo logró en La Rioja trajo como consecuencia la emigración de la población hacia San Juan, los Llanos se encuentran ahora desiertos.



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